Ágora Málaga

Archivo de Diciembre 2006

Ocho pasos para eliminar la pobreza

Publicado por David Martín en Diciembre 6, 2006

 La Tierra, poblada por 6.350 millones de personas aproximadamente según estimaciones de Naciones Unidas (de entre ellas solo 44 millones corresponden a ciudadanos españoles), se espera una proyección de la población mundial en 9.000 millones para el 2050 lo que equivale a decir a un incremento de 77 millones de personas cada año.  Además de esa cifra poblacional en la que nos econtramos, 3.050 millones de ellos corresponden a personas de edad inferior a los 25 años de los cuales 640 millones corresponden a niños en edad comprendida entre los 0 y los 4 años; 1.210 millones entre los 5 y los 14 años y 1.200 millones entre los 15 a 24 años, según datos extraidos de la fuente de datos de la ONU, World Population Prospects.

En este contexto mundial en el que nos encontramos, cada día mueren 30.000 niños de menos de cinco años, lo que supone 11 millones al año de defunciones infantiles, la mayoría por causas evitables.  1.000 millones de seres humanos sobreviven con menos de un euro al día y 800 sufren desnutrición. El sida, enfermedad en la que hace pocos días era recordada, afecta a 40 millones en todo el mundo, generando la debilidad necesaria para que otras enfermedades superadas por los países desarrollados como el paludismo o la tuberculosis se lleven casi otros tres millones de personas. Las mujeres ocupan el 16% de todos los escaños del mundo.

En el año 2000 todos los países de la ONU (189) firmaron los Objetivos del Milenio (ODM) para reducir significativamente los niveles de pobreza y subdesarrollo del planeta y fomentar el desarrollo. Muchos no conocen ese tratado, crucial para conseguir que los países ricos se comprometan con los más pobres.

Aunque se ratificaron hace más de 50 años, los derechos humanos no existen en la mayoría del Planeta, de ahí que importantes colectivos y organizaciones como Intermon Oxfam luchen por su implantacion y difusion. La mayoría de ONGs considera crucial la concienciación y la presión ciudadana a sus Gobiernos por un mayor compromiso con ese tratado. Estos son los objetivos:

1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre.

La meta es reducir a la mitad el número de personas que viven con menos de un dólar al día, 1.000 millones según el último informe de la ONU sobre los objetivos del milenio. La falta de ingresos genera hambre: hay en el mundo 800 millones de personas malnutridas al extremo, un flagelo que castiga especialmente a los niños: más de 150 millones en los países en desarrollo tiene un peso inferior al normal. La desigualdad, los desastres naturales y los conflictos armados empeoran la situación de las regiones más azotadas por el hambre. De los 13 millones de personas que murieron en un conflicto armado entre 1994 y 2003, 12 eran de Asia Occidental, Meridional y de África Subsahariana. Esta región es la única en la que el número de personas que viven con menos de un dolar diario ha aumentado de 227 millones en 1990 a 313 en 2001. En Asia, sin embargo, ese porcentaje se redujo en 250 millones entre 1990 y 2001, aunque en Asia meridional el hambre se ha extendido. El aumento de la población y la escasa productividad agrícola son los factores causantes de la grave “escasez” de alimentos.

2. Lograr la educación primaria universal.

   En el mundo hay 115 millones de niños privados del derecho a la educación primaria. La meta de los ODM es conseguir que en 2015 todos los niños del mundo hayan cursado al menos el primer ciclo de educación primaria. Cinco regiones del mundo están cerca del 100% de escolarización, pero otras como África Subsahariana (donde un tercio del total de la población infantil no asiste a la escuela) o Asia Meridional y Oceanía (donde el 20% de los niños no están escolarizados) siguen arrastrando un retraso que redunda en la capacidad de dasarrollo. La falta de educación primaria es proporcional al nivel de pobreza de las familias, afectando a aquellas con menos ingresos, sobre todo en las que las madres no han estudiado. El sida es otra de las grandes barreras para la escolarización universal. En la mayoría de países en desarrollo las niñas tienen mucha menos probabilidades de terminar la escuela.

3. Igualdad

La igualdad entre hombres y mujeres es un derecho humano que debe extenderse a todas las actividades de la vida: educación, trabajo, relaciones sociales, política… Aunque la meta final de este objetivo es eliminar las diferencias en todos los niveles de educación en 2015, el informe de Naciones Unidas contempla desequilibrios en otros campos: el porcentaje de mujeres en trabajos remunerados es inferior al de hombres, sobre todo en Asia Meridional y Occidental, las mujeres son mayoría en los trabajos de menor prestigio y minoría en los puestos de responsabilidad: sólo ocupan el 16% de todos los escaños en los parlamentos del mundo, un desnivel que sólo se reduce hasta un 20% en los países desarrollados. Desde 2003, la Asamble Nacional de Ruanda es la cámara que mayor paridad refleja en el mundo, con un 49% de mujeres.

4. Reducir la mortalidad de los menores de cinco años.

Cada día mueren 30.000 niños de menos de cinco años. 11 millones al año. La mayoría es de países en desarrollo y las causas de su muerte son evitables. La malnutrición tiene que ver con la mitad de esas muertes. Aunque el número de defunciones infantiles se redujo a la mitad entre 1960 y 1990, el ritmo de reducción de fallecimientos en los primeros 5 años se ha desacelerado recientemente. Como casi siempre, la más castigada es el África Subsahariana, de donde provienen la mitad de los niños muertos en el mundo. Otro tercio proviene de Asia Meridional; otra gran parte, de países en conflicto, como Irak. “La mitad de las muertes de niños menores de cinco años se deben a cinco enfermedades: neumonía, diarrea, paludismo, sarampión y sida. La mayoría de estas vidas podrían salvarse intensificando medidas de prevención y tratamiento de bajo costo”, dice en informe de la ONU.

5. Mejorar la salud materna.

Cada año, más de 500.000 mujeres mueren durante el parto en todo el mundo y otros diez millones sufren lesiones graves o incapaces irreversibles. En la actualidad, el África Subsahariana es la zona que presenta una más alta densidad de muertes durante el parto (1 de cada 16 mujeres). Con la meta de reducir en tres cuartas partes el número de fallecimientos para el 2015, el objetivo es el de aumentar los recursos encaminados a lograr que la mayoría de los partos sean atendidos por personal capacitado en prevenir cualquier tipo de complicación así como el acceso a una atención obstétrica de urgencia. Bangladesh y Egipto son claros ejemplos de la efectividad de estas medidas. En tan sólo 8 años consiguieron reducir las tasas de mortalidad a la mitad. Ante tales cifras, se hace imperioso el facilitar el acceso unversal a la atención de la salud reproductiva para atender a los 1.300 millones de jóvenes que en los próximos años comenzarán su vida reproductiva.

6. Combatir el sida y otras enfermedades.

   Desde 1980, año en el que se registrara el primer caso, el sida se ha cobrado la vida de más de 20 millones de personas. En la actualidad, 40 millones están afectadas por el virus, siendo el África Subsahariana, con 7 de cada 100 adultos infectados, la zona más castigada. Enfermedades como el paludismo, que mata a 1 millón de personas al año, o la tuberculosis, que parecería erradicada pero que ha renacido con fuerza inusitada para llevarse 1,7 millones de almas anuales, han encontrado en la vulnerabilidad que provoca el sida el caldo de cultivo perfecto para su desarrollo. A estas devastadoras cifras debemos unir los 15 millones de niños huérfanos que el virus ha dejado a su paso. La necesidad de concienciar a la población de los países más afectados de su peligro (sólo el 25% de los jóvenes africanos tienen nociones mínimas de cómo evitar el contagio), y la de facilitar los medios idóneos para tratar los millones de casos de tuberculosis y paludismo que se multiplican cada día se hace imperiosa.

7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.

940.000 kilómetros cuadrados de bosques (la superficie de Venezuela) han sido talados en el último decenio; tan sólo el 1% del ecosistema marino está declarado como zona protegida, por el 13% del terrestre; 10.000 especies de animales están en peligro de extinción; la falta de combustibles “limpios” en los países en desarrollo se traduce en la necesidad de utilizar leña, carbón o estiércol, cuya contaminación provoca la muerte de 1,6 millones de personas cada año… Y todo ello cada vez se hace más “insostenible”. Nuestra propia supervivencia depende de proteger los ecosistemas complejos. La sostenibilidad no podrá lograrse con los modelos actuales de consumo y uso de recursos. El Protocolo de Kioto, que ha conseguido reducir en una décima parte las emisiones de dióxido de carbono a las atmósfera, ha dado un primer paso hacia la salvación, demostrando que es posible avanzar siempre que existe voluntad política para ello (no obstante, especialistas como James Lovelock creador de la obra “Gaia” referente mundial del ecologismo y el cambio climático del planeta, consideran que ya es demasiado tarde como para evitar graves consecuencias de caracter irreversible…).

8. Fomentar una alianza mundial para el desarrollo.

La aceptación de que estos objetivos son una lucha colectiva cuyos resultados beneficiarán a todos los países se antoja básica. La ayuda oficial y las donaciones de entidades benéficas privadas de los países desarrollados, que en el 2004 alcanzó la cifra récord de 79.000 millones de dólares, son la fuente principal de financiación externa con la que cuenta el mundo subdesarrollado. Pero este aumento de ayuda debe ir acompañado de formas eficaces de aprovecharla y que contribuyan a promover estrategias de desarrollo del país receptor. Una de las fórmulas propuestas es la de un sistema financiero y de comercio abierto, un acceso más justo a los mercados de los países ricos facilitaría mucho más a los países pobres el comenzar a hacerse presentes en la competitiva economía mundial. Otro de los objetivos es el de implicar a las empresas farmacéuticas para proporcionar medicamentos esenciales a un costo razonable, así como al sector privado para que se puedan aprovechar más y mejor los beneficios de las tecnologías de la información y la comunicación.


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De la recuperación de la Memoria Histórica

Publicado por miguelbau en Diciembre 2, 2006

El pasado 23 de Noviembre fue presentado en el Palacio de Congresos de Madrid el libro “Maestros de la República; los otros santos, los otros mártires”, de María Antonia Iglesias. Me sorprendieron las palabras de la autora en una entrevista para las noticias de TVE, en las que, recordando a su madre, contaba que su muerte (por fusilamiento) sigue registrada oficialmente como “sucedida en actos de guerra”, y acusaba al Estado de no haber hecho, aún, justicia, aunque solo fuera sobre el papel.

Y puede que siga siendo así, ya que el llamado “Proyecto de Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guarra Civil y la dictadura” no incluye entre sus propuestas la corrección de las sentencias de los, entre otros, juicios sumarísimos del Régimen Franquista, exigencia demandada por todas las Asociaciones de Víctimas del Franquismo (como la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) y que, en repetidas ocasiones, ha sido “esquivada” por el Gobierno, del signo que fuera.

Junto a este tema, otro asunto que me sorprende de veras es la poca cobertura informativa que, desde los medios de comunicación, ya sean públicos o privados, se da a los avances en materia de recuperación de la memoria histórica. Buscando información sobre el tema para escribir el artículo que estás leyendo, entré en la web de la ya mencionada Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, y me hallé frente a la noticia de la exhumación de, creo recordar, la fosa común para víctimas del franquismo más grande de Andalucía, la del cementerio de San Rafael, en Málaga Capital.

Lo que más me sorprendió es que la noticia, de rabiosa actualidad (la Junta concedió el permiso de exhumación en Octubre, si mal no recuerdo, aunque los datos concretos los hallareis en el artículo del Diario Sur del que tenéis más arriba un enlace), no ha aparecido en ningún noticiario televisivo (los más consumidos en la práctica).

Quiero terminar este artículo haciendo una humilde reflexión en voz alta. Me cuento entre los españoles que consideramos el proceso de la Transición una soberana bajada de pantalones por parte de los “herederos” (por decirlo de alguna manera) del Régimen legítimo de la II República; igualmente, pienso que esta humillación pudo ser necesaria (o, mejor dicho, conveniente) en su momento histórico. Esta, reitero, humillación, obviamente ha facilitado el tránsito desde un estado totalitario al estado de derecho en el que hoy convivimos (gracias a la altura de miras y la grandeza moral de todos aquellos que fueron denigrados injustamente por el Franquismo, todo hay que decirlo). Pero creo que 30 años son suficientes para superar el miedo, y que nuestra sociedad está perfectamente preparada para afrontar el necesario proceso de indemnización de las víctimas. Pues no se trata de vengar a la República, de condenar a prisión a los antiguos mandatarios franquistas que aún puedan seguir vivos, sino de declarar oficialmente a los asesinados, asesinados, y no caídos en acciones subversivas.

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